El ocaso de los programas de reconocimiento de voz
Hace unos años fueron furor, aunque nunca terminaron de imponerse. Lentamente cayeron en el olvido.
Hay modas pasajeras. El pool, el paddle, las pistas de patinaje sobre hielo y los cantobares son una prueba de ello. Lo mismo pasa con los programas de reconocimiento de voz.
Esta tecnología, que aparentemente iba a revolucionar el mercado (periodistas, escritores y varios otros profesionales agradecidos), tuvo su momento de gloria efímera allá por 1999, cuando varias empresas anunciaron con bombos y platillos el lanzamiento de los programas que escribían directamente lo que se les dictaba.
Sin embargo, no lograron imponerse como producto masivo. Diversos problemas trabaron su desarrollo. Por empezar, el tema del entrenamiento. Había que hablar ante el micrófono durante varias horas para que el programa reconociera la voz de la persona e incorporara palabras y frases. Esto no siempre daba los resultados esperados y también surgían problemas si, por ejemplo, esa persona se resfriaba.
El entusiasmo inicial, entonces, duró poco. Rápidamente, la gente se olvidó de estos programas, que prometían no sólo no tener que teclear más, sino poder manejar casi todas las funciones de Windows y varios programas sin problemas.
El reconocimiento de voz está, sin embargo, vivito y coleando. Pero no tanto para el uso hogareño.
En el ámbito profesional, el sistema de reconocimiento de voz encontró finalmente un nicho de mercado. Así, se venden los paquetes diseñados especialmente para abogados, servicios telefónicos de atención al cliente (sí, las voces, generalmente femeninas que dicen si desea hablar con tal persona, diga su apellido, etc.), escritores, médicos u otras profesiones en donde es importante tomar notas de voz.
Entre otros, será posible dictarle a programas como Microsoft Word, Microsoft Outlook Express, Microsoft Excel, Microsoft Internet Explorer y Corel WordPerfect.
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