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Los negocios en tiempos de crisis
Corren tiempos de incertidumbre. Podríamos hablar de “crisis” o no, ya que para los argentinos, bastante curtidos en esto de vivir a los tumbos, las crisis no implican una “situación decisiva en un proceso” ni “situación en que se nota la falta de algo”, conforme a su significado literal, porque pareciera que nuestro estado natural es vivir inmersos en ellas.
Claro que se nota la falta de ventas, de seguridad, de certezas. Pero siempre hemos hecho negocios en contextos cambiantes, con reglas de juego mutantes, con inseguridad física y jurídica y con más preguntas que respuestas.
Vivimos con confiscaciones encubiertas, defaults, blindajes, impuestazos, dolarazos, cacerolazos, tractorazos, congresos inactivos o complacientes, ausencia del Estado allí donde se lo necesita y presencia del Estado donde no tiene nada que hacer. Entonces…nada nuevo bajo el sol.
Pero hay sí un ingrediente que antes no estaba: Argentina era una de las “ovejas negras” del planeta, aislada por sus reiterados incumplimientos internacionales, pero ahora, buena parte del planeta parece haberse teñido de negro. Nacionalizaciones de bancos, aportes extraordinarios a empresas que solían ser paradigmas del sistema capitalista y hoy piden limosnas multimillonarias, transferencias de recursos de los contribuyentes a empresas ineficientes, desplome de burbujas inmobiliarias y financieras, caída de bancos y fondos de inversión, son elementos que el mundo no conocía en tanto que en la Argentina, podemos dictar una maestría al respecto. Dudoso privilegio el nuestro, pero privilegio al fin.
Entonces: ¿podemos hacer negocios en tiempos difíciles? Claro que sí. Estas épocas muestran reacomodamientos importantes. Muchos pierden, algunos ganan. Por uno que vendió barato, hay otro que compró bien. Por uno que compró caro, hay otro que vendió bien. Pero hay un condimento de tiempos que en épocas de crisis adquiere una importancia fundamental.
Y allí radica una de las claves. Cuando hay pánico, apurarse en demasía puede ser tan suicida como dormirse, porque los procesos tienden a acelerarse. Por eso, no basta con tener la cabeza fría, sino que también hay que tener los ojos bien abiertos, para que los reflejos puedan actuar. En cuanto a los oídos, es aconsejable escuchar, pero no demasiado, porque nos pueden contaminar con rumores, habitualmente surgidos de usinas con claros intereses de empujarnos a tomar decisiones en su exclusivo beneficio.
Pensemos: ¿qué pasó durante nuestra última gran crisis del 2001/2002? Con los depósitos bancarios inmovilizados en el “corralito” y el “corralón”, mucha gente “reventó” sus plazos fijos, al 60, 50 o hasta el 25% de su valor nominal, ante el temor que no recuperarían siquiera eso. Quienes los compraron, en general, por la vía de amparo, recuperaron la totalidad o la mayor parte de su valor en dólares, y con el tiempo, según la forma en que los invirtieron, pudieron incluso superarlo.
Por la misma época, marzo del 2002, el dólar había tocado los cuatro pesos argentinos, en su relación de cambio. Siete años después, nos asustamos porque se acerca a ese valor Quien se quedó con los dólares en el colchón, tuvo su dinero congelado o retrocediendo en su valor durante siete años!!!
Otro aspecto importante es el anímico. Bajo ningún concepto debemos dejarnos caer. La actitud es determinante en el éxito de los negocios. La energía que irradiamos puede atraer oportunidades, o puede espantar a quienes podrían ser clientes, proveedores o socios de negocios. Sin caer en la euforia ni en la depresión, podemos demostrar que estamos enteros y con fuerza para afrontar nuevos desafíos.
¿Cuáles son los nuevos desafíos?
El primero es consolidar lo que tenemos. Esto significa que debemos repensar estrategias y tácticas que fueron elaboradas en épocas de “vacas gordas”, para transformarlas en acciones a nuestro alcance en tiempos con mayores restricciones. En la expansión, las buenas ventas ocultan errores de administración. En la retracción, hasta las menores equivocaciones se aprecian de manera rápida y dramática. Por eso, administrar bien es la consigna, evitando pasos demasiado “jugados” o con alto riesgo comercial.
Focalizarnos en el “core business” de nuestro negocio, poner al cliente en el centro de nuestra atención, liderar presencialmente nuestros equipos de recursos humanos, mantener en orden y bajo control los recursos materiales, son algunos de los principales ítems a considerar.
En segundo término, debemos tratar de superar las prácticas de mera supervivencia. Esto significa desterrar el paradigma de que sólo podemos “aguantar” hasta que pase la tormenta. Porque no se trata de esperar con la cabeza bajo la almohada que todo termine, porque todo puede terminar con nosotros. En realidad, se trata de enfrentar con astucia, velocidad e inteligencia, las exigencias de un nuevo escenario, en el que nada es definitivamente seguro. Que tiene muchas puertas que se cierran, pero también puede ofrecernos tremendos portones que se abren. Con los ojos cerrados y los oídos tapados, difícilmente podamos ver esas oportunidades. Justamente, los reacomodamientos de los que hablábamos al inicio de la nota, son los que abren bolsones de oportunidad.
No es fácil pero es posible y altamente probable que buenas oportunidades de negocios pasen cerca de nosotros. No van a golpear su puerta, porque para atraparlas, seguramente deberá estar en el lugar y el momento adecuado. Pero tampoco le van a mandar una invitación para que las aproveche. Si usted no las vio, otro seguramente sí lo hará.
Cada viernes, cada fin de mes, y cada fin de año, parecería que todo se termina. Pero cada lunes, cada primero del mes siguiente y cada año nuevo, nos damos cuenta que algo pasó y algo ha llegado. Entonces: saquémonos la sensación tremendista del fin del mundo, que con crisis o sin ella, podemos salir adelante. Eso depende de nosotros!!!!!
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